Todos nacen en algún lugar.
Ellos sólo abrieron los ojos, y ya estaban.
Bostezó, Al, una vez y conoció a Bo, sonrió con la boca llena y el otro respondió.
Amigos unidos cada día compartían, enfrentando al mundo juntos nadie los vencería.
Conversaban por horas y horas, sentados en un cajón pasaban grandes momentos, la amistad se fue afiatando a medida que pasaba el tiempo.
Un otoño abrió el cajón y salieron a pasear.
Niños, perros, autos, de todo pudieron conocer, felices hablaban de todo lo que, al paso, creían ver.
Luz roja y un apuro, sólo un tirón bastó, Bo perdió el equilibrio y Al, con su comisura, lo soltó.
-“¡No, no, espera, por favor!”
El lamento de Al de nada sirvió, sus ojos fuertemente cerró… pavimento mojado, momentos pequeños de Abril, una rueda asesina a Bo aplastó.
Sólo el crujido fue suficiente, ni a despedirse alcanzó.
Oj-Al suspiró dolorido, negro y helado, con un vacío por dentro, a Botón jamás olvidó.
Ellos sólo abrieron los ojos, y ya estaban.
Bostezó, Al, una vez y conoció a Bo, sonrió con la boca llena y el otro respondió.
Amigos unidos cada día compartían, enfrentando al mundo juntos nadie los vencería.
Conversaban por horas y horas, sentados en un cajón pasaban grandes momentos, la amistad se fue afiatando a medida que pasaba el tiempo.
Un otoño abrió el cajón y salieron a pasear.
Niños, perros, autos, de todo pudieron conocer, felices hablaban de todo lo que, al paso, creían ver.
Luz roja y un apuro, sólo un tirón bastó, Bo perdió el equilibrio y Al, con su comisura, lo soltó.
-“¡No, no, espera, por favor!”
El lamento de Al de nada sirvió, sus ojos fuertemente cerró… pavimento mojado, momentos pequeños de Abril, una rueda asesina a Bo aplastó.
Sólo el crujido fue suficiente, ni a despedirse alcanzó.
Oj-Al suspiró dolorido, negro y helado, con un vacío por dentro, a Botón jamás olvidó.

